Una Juerga con Lentejuelas

24.4.19

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¡Hola! El mes pasado, mi señor esposo se vio atrapado en una fiesta, y yo con él.

Llegamos los dos, vestidos muy chic, a la sala de fiestas Florida Park, donde mi amiga Catalina celebraba su cumpleaños. Una horda de fashionistas en ebullición (Cata se dedica al mundo de la moda) se aglutinaba en la entrada, agitando sus invitaciones al Dios de la noche: el portero. Imposible abrirse camino.

Hace unos años, me habría colado, habría pasado por la salida de emergencia, o habría llamado a la secretaria de Cata y habría dicho que estábamos allí. Pero, ahora, vestida de lentejuelas y con el esposo colgado del brazo, esperamos una hora y finalmente entramos.

Una vez dentro, francamente, la fiesta era todo un éxito. Todo el mundo era encantador, los camareros ni siquiera eran asaltados, había comida por todas partes, una gran música de los 80, y algunos horteras de moda para nuestra particular diversión. Bueno, en realidad, había infinidad de fashion victims, mujeres y hombres con sobredosis de tendencias y accesorios, y bolsos de edición limitada de a 2.000€ el más barato.

Creo que 20 años atrás, yo podría haber sido perfectamente otra víctima como ellos, y estaría como loca subiendo stories a Instagram.

El caso es que pese a que nos parecían todos un poco ridículos, la situación era bastante divertida.
Nosotros hicimos lo mejor que se puede hacer con una amiga en su fiesta de cumpleaños: nos comportamos, hablamos, bailamos, disfrutamos y criticamos a voces con música de fondo de Fangoria.

Si bien, yo estaba disfrutando de lo lindo, el esposo ya estaba cansado. Tiene cosas que hacer mañana, y ya había visto suficiente.

De nuevo volviendo la vista atrás, hace diez años, le hubiera dejado en un taxi, me habría vuelto a bailar, igual me habría subido a un bafle y habría hecho unos doscientos amigos de la noche.

Pero, estamos en 2019 y acepté que él tenía razón, y nos fuimos de la fiesta si bien estaba en pleno apogeo. Eso sí, ya en el Uber y acurrucada en los brazos de mi querido señor esposo reconocí ¡pero, si se está mil veces mejor así!

Hasta el viernes!