Puedo dejar de fumar cuando quiera

27.6.17

Share to Facebook Share to Twitter Pin This

El peligro y las ventajas de liberarse de la esclavitud de la nicotina.



¡Hola! Nunca he sabido por qué empecé a fumar. Creo que por aquel entonces lo debía de ver chic y de chicas modernas. El caso es que siempre he fumado poco: un cigarrito después de comer, con una copa de vino… y rara vez me he terminado una cajetilla en el día. Por eso pensaba, no es nada alarmante, puedo dejar de fumar cuando quiera.

El problema eran las noches. Salir a cenar con amigos o a bailar significaba una copa en la mano, y un cigarro en la otra; y ahí perdía la cuenta. Claro está, al día siguiente, dolor de cabeza, la voz de Bárbara Rey, el maquillaje de Bette Davis, y un olor en la ropa detestable. Así que tras estar tres días con la cabeza como un bombo, deshidratada, y el estómago del revés decidí que había llegado la hora de terminar con el tabaco (esta vez la voz era de Chabela Vargas).

Bien, pues empecé a no tragarme el humo, a fumar menos, y ahora llevo diez años que no me llevo un cigarro a la boca. Y lo mejor es que no me apetece nada. No sabéis la satisfacción que me provoca ver que otros se encienden un cigarro y no me importa.

Tengo los dientes más blancos, la piel del rostro menos apagada, el cabello más vivo y cuando cojo un resfriado ya no lo paso tan mal con la tos.

Tengo que admitir que tengo suerte porque tengo muchos conocidos que lo han intentado pero han recaído. Se creen liberados de la esclavitud de la nicotina y dicen, un cigarrito, total es uno al día, y al final terminan fumándose la cajetilla entera. Además, siempre terminan encontrando un pretexto para volver a fumar.

Quizás el peligro esté en decir “lo dejo cuando quiero” porque nos creemos con fuerza de voluntad.

¡Hasta mañana!