Cómo perder tu status de chic en una piscina

17.1.17

Share to Facebook Share to Twitter Pin This

Hola! Aunque estamos en invierno, no viene mal leer algo refrescante aunque esté vinculado a una piscina con sus consiguientes reminiscencias hacia el verano.


Me considero una persona adulta y, en líneas generales y normalmente, se cómo comportarme. Sin embargo, os quiero contar una anécdota divertida que me ha pasado estas Navidades y que tiene que ver con una piscina (climatizada, por supuesto), y que no se qué se me pasaría por la cabeza para convertirme en un momento en una perturbada.

Estas vacaciones decidimos dedicar un día a la relajación y fuimos a disfrutar del circuito Máximo Relax del Balneario Cervantes (en Ciudad Real), que incluye la piscina activa, escenario de mi locura momentánea. Y todo fue porque me regalaron varios productos de la gama body de Nuxe, que me encantan, y quería llenar mi cuerpo de sensaciones olfativas, hidratantes y reafirmantes.




Como podéis apreciar, una maravilla de sitio y de lo más tranquilo y apacible.

Bien, ya empecé mal porque no se qué motivo tendría para ir a relajarme a un balneario con un bañador de lentejuelas, como si me fuera a un resort de Las Vegas. En cuanto me quité el albornoz con un porte lo más aristocrático que pude, todos los ojos se dirigieron a mí. Unos cuantos elegantes pasos inspeccionando las instalaciones, el nivel de profundidad, los bordes… y de repente… ¡la bomba!

Visualizo a mi marido en busca de un aliado, quien me devuelve la mirada de forma cautelosa, levanto los pies del suelo y me ¡tiro de bomba!

Justo en el choque con el agua, me doy cuenta del sinsentido que acabo de hacer: una mujer oronda, brillante de lentejuelas, se tira –en un intento de bomba-, en la relajante piscina de un tranquilo balneario!

No necesito contar el tiempo que pasé debajo del agua ante la falta completa de mi discernimiento, y cuando estaba a punto de provocar un esguince a mis pulmones, salí de la piscina como una culebrilla bajo la mira de desaprobación de mi marido.

Toda mi áurea de chicismo desaparecida por arte de magia: los muslos enrojecidos, los ojos vidriosos, el pelo al más puro estilo de la niña de The Ring… Envuelta en una toalla emulando a Romy Schneider, me doy a la bebida de un zumo tratando de olvidar.


Descargo de responsabilidad 1: Ya en casa, mi marido me confesó que afortunadamente nadie me vio tirarme de bomba, aunque fue tal el estruendo que todos miraron sorprendidos.

Descargo de responsabilidad 2: También me dijo que ya no tenía edad de hacer el ballenato
.

Hasta mañana!!


Imagen superior vía Beach4Good