Sin Fe no Hay Compras

5.11.18

Share to Facebook Share to Twitter Pin This



¡Hola! Una amiga me ha dicho: como la temporada pasada hizo tanto calor y las tiendas no vendieron nada, verás ahora qué rebajas. ¡Se tienen que desembarazar de todo el stock!

Uy pues puede ser verdad. Estoy viendo muchas rebajas “mid season” ahora, así que puede que me de una vuelta. Qué pena, soy tan influenciable…

Dicho y hecho. Me paso por El Corte Inglés de Serrano47 Woman (igual también tienen los 8 Días de Oro) para apreciar la curva económica de un bolso que tengo en mente, pero cuyo precio en estos tiempos de bancarrota personal es literalmente indecente.

Bueno, tiene un 30% de descuento, y aun así sigue indecente. Llamo a mi amiga consejera y avisadora de las rebajas. “Hola!!?, ¿superchic? I need you”. Y ella me dice sabiamente: si hay algo que te pienses más de cinco minutos, mejor no lo compres.

Salgo, respiro, y allí, como un Hugh Glass vuelvo a renacer y decido irme a casa para no arruinarme.
Ni yo misma soy capaz de convencerme. Bajando la calle me choco de frente con un Zara. Mi deseo de compra se multiplica repentinamente por diez, y sin dedicar una milésima de segundo a mi pensamiento anterior, entro a la tienda cual heredera de hoteles de lujo.

Aquí no hay rebajas, pero hordas de alteradas caminan como osos hormigueros olisqueando los percheros. Desfilo por las diferentes plantas, vestidos bonitos, abrigos maravillosos no muy caros, botas de vértigo… pero, sigo sin entrar en la batalla del shopping.

Salgo con las manos vacías.

Bueno. Vamos a ver. Voy a pasearme por las calles de Claudio Coello y La Gasca pues hay tiendecitas muy monas y diferentes. Está bastante tranquilo, pero en estos sitios los precios han bajado muy poco. Creo que tengo la intoxicación del comprador: todo me parece igual: ¡desde las camisas hasta los vaqueros, desde los salones hasta las botas!

Huyo.

Llamo a una amiga que vive en la zona para tomar una cerveza y hacer un mundo mejor, hastiada de no ver nada apetecible. Hablaremos de las teorías de la moda post-apocalípticas, y alabaremos nuestro no desapego a la sociedad de consumo.

Mira tú por donde, que en el camino, echo el ojo a unos botines. No tienen descuento, por supuesto, pero son preciosos. Entro en la tienda. ¡Porras! No quedan de mi talla.

De pronto, una fiebre que bien reconozco se apodera de mí. Los necesito. Hablo con el vendedor, quien tan educado como impasible, revisa en su ordenador el stock de todas las tiendas de Madrid. ¡¡¡Siiiii!!! Hay un par de mi talla en el otro extremo de la ciudad. Con toda su estúpida voluntad, no quiere llamarlos para que me los reserven. “Política de empresa”, me espeta. Así que tengo que correr sin estar segura de que no los vendan mientras tanto. Y además son las 19:52. Estoy en estado febril. Ya me visualizo con mis botines, los conjuntos con los que los voy a lucir… corro, corro...

Y es que sin fe no hay compras.


¡Hasta mañana!