La Bola del Networking

26.11.18

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¡Hola! En el mundo laboral nos topamos con muchos brutos y brutas, y tienes que ser una networker. Conocer gente, hablar de ti misma, venderte. Es lo que llamamos networking, una práctica profesional para formar relaciones empresariales, crear y desarrollar oportunidades de negocio, compartir información y buscar clientes potenciales.

Mi señor esposo, que es más bien de carácter íntegro, -para mí, huraño-, me dice que estoy "corrompida". Pero, yo digo que así es la vida, y que no entiende para nada el mundo de las relaciones públicas.

¿Qué hay una fiesta donde podré conocer a celebrities o personajes relevantes para mi trabajo? Llamo a mi compañera María, me pongo un vestido bonito y allá que vamos.

El sitio es deco, de un estilo vanguardista precioso, lo que significa que estás a oscuras, la música está altísima, hacerse con una copa de champán es una batalla campal… pero ahí estamos María y yo, todas dignas. Como es habitual, comenzamos a criticar a las personas de nuestro alrededor, pero de repente me acuerdo que estoy aquí para hacer contactos.

Y esa inesperada iluminación viene al ver a Celia, la anfitriona y su pareja. Enseguida, ella me pone rápidamente al día de algunos de los presentes, dos de los cuales, me interesan, y me las tengo que arreglar, aunque sea con arpón, para conocerles. Estoy de suerte, esta noche Celia está de buenas, conoce a todos, y me los presentará.

Conforme la capacidad de las botellas va disminuyendo, así va subiendo la fiesta. El volumen de voces humanas es ahora más alto que el de la música. Más gente fuera fumando un cigarrillo, y charlas por doquier, hasta en el baño.

Tengo uno de mis objetivos a la vista y mi tarjeta de presentación baila sola en mi bolsillo. Pero, me desvío. Bandejas de tempura y tataki de atún se pasean por delante de mis ojos, y ¡¡volovan de foi!! Mi estómago ruge con fuerza, me olvido de todo y me lanzo al atracadero del cóctel. Mientras rindo homenaje a los canapés, mentalmente hago mis cálculos. Con que entable relación con cinco de los asistentes, es un triunfo.

Justo cuando estoy a punto de coger una esquiva servilleta para limpiarme, Celia me atrapa del brazo, me aleja del objetivo y me presenta a un ser sonriente. Te presento a menganito de fulanito de la zutanito. Mi corazón se dispara. ¡Porras!, dile algo original, di algo profundo!!, (mi cerebro chilla como una olla a presión). Tan solo acierto a decir hola, mientras restriego mi mano por mi muslo trasero para limpiarla.

Y justo cuando me inclino para darle la mano, un metro ochenta de estilo y glamour se interpone ante mí, “querido, te andaba buscando”. Libero mi Zara de su Valentino y me giro decorosamente para enganchar otra copa. Prohibido culparme. Diviso a mis dos metas otra vez, y me alejo pensando que si encuentro otra ocasión, seré Billy el Niño para hablar dos minutos con él.

El tiempo pasa divertido. Los efectos del champán empiezan a hacerse ostensibles, me río y bailo, y estoy hablando con mucha gente que no está en mi lista pero que son muy amables y simpáticos.
Echo un vistazo febril a mi objetivo porque el resto se me han olvidado. No lo quiero perder. La simplemente perfecta, guapa e ingeniosa sigue amarrada a él y colgada de su cuello. Así no va a haber manera.

Me rindo. En realidad, nunca se me ha dado bien el networking. Me puede la timidez y el pavor a hacer el ridículo, y ahora no va a ser la noche en que me convierta en Mario Vaquerizo. Ya me imagino la sonrisa satisfecha de mi esposo cuando se lo cuente mañana.

Mis tarjetas de visita se han quedado dormidas, si bien, todavía tienen tiempo para resurgir en otros momentos.

Ya en la puerta, esperando congeladas al Cabify, una de mis nuevas amigas de la pista de baile me da una business card mientras se despide apresurada. La miro distraídamente mientras la guardo en el bolsillo del abrigo, pero algo me llama la atención. ¿Adivináis? ¡¡¡¡Era de menganito de fulanito de la zutanito!!!!!!

Esa noche aprendí el mejor consejo en networking social: nunca subestimes otras opciones que, a priori, puedas pensar que no te sirven.

Y como punto final a esta anécdota, para las amantes de la moda, este fue el vestido de Zara que llevé a la fiesta. So chic!


¡Hasta mañana!


Imagen superior"Chispa de Glam" por Emily Brickel (22,76€)