Comodidad antes que Modernidad

13.9.18

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¡Hola! A veces la moda es como el teatro de lo absurdo, y los vaqueros son su héroe. Ya no sabes qué ponerte, pitillo, ajustados, de campaña, cropped, anchos, rotos, claros, oscuros… Menos mal que parece que los jeans de talle bajo han desaparecido. Esas caderas que emergen, esas nalgas de un desconocido cuando se sienta, esta impresión de tener el cuerpo aserrado en dos.
¿Nos miraríamos entonces al espejo? Yo, desde luego no veía que mi cuerpo estuviera cortado por la mitad.
Y mira que hemos estado años, y años de tamaño cada vez más pequeño. Sin podernos permitir elevar los brazos al cielo, agacharnos a por nuestro portátil tirado en el suelo, o saludar a un niño.
Ahora, mi cuerpo se siente más libre fantaseando con la cintura alta. Y a esta edad me da ya lo mismo que mi trasero tenga el tamaño de una plaza de toros, y esté de lo más relajado. Lo que ahora me importa, -cosa que no pensaba en mis tiempos mozos-, es estar cómoda.
Mis últimas compras en pantalones han sido de cintura alta. Por delante, muy femenina; por detrás, mejor no mirar porque es cuando la fantasía se encuentra con la realidad.
Recuerdo una tarde, cuando una dependienta me dio un pantalón talla llavero, porque según me decía yo estaba delgada y que me lo probara para ver lo bien que sentaba.

Ni salir del probador pude. No sé ni cómo me lo pude meter y mucho menos abrochar. Estaba al borde de la apoplejía desde los tobillos a la cintura; y en ese momento, volvieron los recuerdos de mi juventud. Había olvidado esa inquietante sensación de asfixia, había olvidado ese ponerse unos vaqueros tumbada en la cama, y esa perturbadora frase: llévate una talla menos, que verás, luego dan de sí.

Por no hablar de la tortura de intentar sacarme de encima esos jeans asesinos que no me dejaban respirar. Y menos mal que ese día no hacía calor, y que no había comido fuera en un restaurante con postre incluido.

En fin, lo dicho: menos mal que los pantalones de talle bajo y los skinny han desaparecido (por el momento) porque lo único que tengo que decir es: clase.

¡Hasta mañana!


Imagen vía Observer