El Fantástico Mundo de las Premieres de Cine

20.11.17





¡Hola! El mundo del cine siempre me ha fascinado, pero lo que hay detrás de las cámaras y todo lo que mueve el estreno de una película. Cuando era pequeña me hipnotizaban las salas de cine, las taquilleras e incluso el proyeccionista.

En el pueblo, un lugar donde todo el mundo se conoce, mi padre era amigo del “señor del cine”, y nos dejaban subir al cuarto de proyecciones donde estaban los rollos y esa compleja máquina de ruedas, que cuando se ponía en movimiento, un mundo de luz y de color aparecía ante mis ojos.

Sentía devoción por actrices como Natalie Wood, soñaba con pisar la alfombra roja del Kodak Theatre, y me imaginaba bailes y fiestas en Cannes a las que asistía en compañía del actor de moda.

Hace unos años tuve la oportunidad “inocente” de participar en la premiere de “Cerdos Salvajes”, una película de Disney sobre moteros maduros. La película no me llamaba la atención pero sí el hecho de que John Travolta, Ray Liotta y Tim Allen venían a Madrid para su estreno. No son mis actores preferidos, pero realmente era una oportunidad de conocer de cerca el universo de Hollywood.

Fue demasiado diabólico para contar aquí todos los detalles; pero creedme si os digo que las estrellas hollywoodienses no son estúpidas por naturaleza, ni porque se lo tengan creído. Es que la tumultuosa pandilla que les rodea de asistentes, chupópteros, consejeros y demás estilistas les hacen creer que viven en un mundo paralelo.

Por citar un detalle, en un momento dado, Tim Allen pidió un café durante la sesión de entrevistas que tenían programadas en un lujoso hotel de Madrid. Una germánica rubia platino que me sacaba tres cabezas salió corriendo por todo el pasillo del hotel gritando como una soprano a un volumen nivel 150 “¡¡un capuccino!!, ¡¡un capuccino!!” mientras hacía aspavientos con los brazos, la cara descompuesta y los ojos desorbitados.

Por no hablar de que la productora se trajo a un tipo de Paris cuyo cometido fue oler el interior de seis limusinas que teníamos contratadas para el desplazamiento de los actores; y escoger cuáles eran las tres más apropiadas. El “sumiller” llegó en business, olió y se marchó al minuto de nuevo en primera clase. Minuta: 6.000€ (se rumoreó).

Y así fue cómo mi sueño de adolescente se derrumbó doblado por el peso de la desilusión.

Lo bueno fue que conocí a unas personas fantásticas, que disfrutamos de banquetes, que nos intoxicamos a risas, y que pese a la estupidez reinante tras las cámaras, seguimos gozando de la magia del comienzo de cada película, hundiéndonos en nuestros asientos, esperando a que las luces se apaguen, y sonriendo en la oscuridad.

¡Hasta mañana!



Imagen vía Hatty Pedder

1 comentario:

  1. A mí no me atrae nada lo que hay detrás de las cámaras. Ya lo decía Estela Reynolds: "El show business es una gran caca pintada de purpurina".
    Pero es lo que tú dices, no es culpa de los actores/actrices (bueno, a veces sí), sino de los cantamañanas que trabajan para ellos que son histéricos perdidos. Yo no he nacido para aguantar eso.

    .Estelle.

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